El Mencho cae en Jalisco

Puebla, 22 de febrero de 2026

El pasado domingo, fuerzas especiales del Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional ejecutaron un operativo en el municipio de Tapalpa, Jalisco, que acabó con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, fundador y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El capo murió mientras era trasladado en aeronave a la Ciudad de México tras ser herido durante el enfrentamiento.

La noticia sacudió al país y generó reacciones inmediatas: bloqueos carreteros en seis estados, vehículos incendiados y el Código Rojo activado en Jalisco. Pero más allá del caos que siguió al operativo, hay una pregunta que no puede ignorarse: ¿quién tomó realmente la decisión de actuar?


La mano de Washington

La propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) confirmó en su comunicado oficial que el operativo se realizó «dentro del marco de coordinación y cooperación bilateral con los EUA», y que se contó con «información complementaria por parte de autoridades de ese país». En otras palabras, la inteligencia que permitió localizar a El Mencho fue, al menos en parte, estadounidense.

Esto no ocurrió en el vacío. Desde inicios de 2025, la administración de Donald Trump designó al CJNG como Organización Terrorista Extranjera, estableciendo un marco legal que abría la puerta a una participación más directa de EEUU en operativos dentro de México. A esa designación le siguieron sanciones individuales contra El Mencho, operativos de la DEA en 23 ciudades estadounidenses contra el cártel, y una presión diplomática sostenida sobre el gobierno mexicano.

El argumento de fondo siempre fue el mismo: actúen o paguen las consecuencias. Y las consecuencias, en boca de Trump, eran aranceles del 25% sobre productos mexicanos.


Fuerzas especiales en suelo mexicano

El dato más revelador llegó este mismo mes de febrero. El Senado de la República autorizó la presencia de 19 Navy SEALs en territorio nacional bajo el argumento de «entrenamiento conjunto» con la Marina Mexicana. La votación y el operativo en Tapalpa ocurrieron con días de diferencia.

Para muchos analistas de seguridad, la coincidencia no es menor. La presencia de fuerzas especiales extranjeras en suelo mexicano, por más que se enmarque en acuerdos bilaterales, representa un precedente que erosiona la narrativa de soberanía que el gobierno mexicano ha defendido históricamente frente a EEUU.


¿Y ahora qué?

La muerte de El Mencho no significa el fin del CJNG. Expertos advierten que el cártel carece de un heredero claro, lo que abre un período de disputas internas entre operadores regionales. Las transiciones en estructuras criminales de esta magnitud rara vez son ordenadas, y la historia del narcotráfico mexicano sugiere que la fragmentación de un cártel no reduce la violencia, sino que la redistribuye.

El operativo, además, llega en un momento geopolíticamente cargado: a meses del Mundial 2026, con Guadalajara como sede, y en medio de negociaciones tensas entre México y EEUU en materia arancelaria y migratoria. Difícil no leer el timing como parte de una negociación más amplia.


La pregunta que queda

México celebra la caída del capo más buscado del mundo. Es un hecho innegable, y el mérito operativo de las fuerzas armadas mexicanas es real. Pero cuando la inteligencia es extranjera, la presión es económica y las fuerzas especiales del país vecino ya están dentro del territorio, la línea entre cooperación y intervención se vuelve incómodamente difusa.

¿Victoria soberana o negociación forzada? La respuesta, probablemente, es las dos cosas al mismo tiempo. Y esa ambigüedad debería incomodarnos.

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